Manos arriba, esto es un atraco

En una casita de pescadores al borde de las marismas del Guadiana, se puede escuchar el lamento Mojamuto “Interneeeeeeeet!!!” Como Hamlet, con mi portátil en la mano, me debato en el dilema de ser o no ser (un ser conectado) esa es la cuestión.

La cuestión es peliaguda. El suministrador de conexión wi-fi ha multiplicado por cuatro el precio del acceso a Internet de un año para otro. De una tarifa mensual de conexión a 15€ ha pasado a otra de 60€. No sabía yo que el coste de las infraestructuras de telecomunicaciones dependía del precio de barril de crudo ni que la CMT o la recién creada Comisión Nacional de la Competencia permitieran estos desmanes.

Este atraco ha dado lugar a que busque alternativas, entre ellas ponerme un parche en el ojo para surcar las ondas wi-fi ajenas, cosa que nunca hubiera hecho si las circunstancias no me empujaran a ello.

Hay muchas ondas wi-fi en el viento, pero ninguna pasa por mi casa(1). Busqué en la azotea y encontré alguna, aunque débil. Como preguntando se llega a Roma, fui visitando a los adictos de Internet de este lugar para ver cómo se estaban conectando. Asumí, con acierto, que ninguno pasaría por el aro de tan abusivas tarifas.

Encontré un residente permanente que seguía feliz con la antigua tarifa por ser cliente continúo desde hace dos años. Mis amigos Merche y Juan no habían contratado el wi-fi debido a los precios de escándalo. Se conectaban por dos puntos acceso cerrados que habían abierto con la ayuda de su hijo. Llamé a un amigo al que le habíamos prestado la casa la quincena anterior y me contó que ante la carestía de las ondas izaba un mástil de la vela de windsurf en la azotea y en el extremo superior colocaba un wi-fi USB al que conectaba con el ordenador con un cable de 5 metros . Con el programa wifislax trincaba todas las redes wap. También me contó que en la plaza de La Laguna de Ayamonte había un wi-fi abierto.

Después del estudio de mercado, descarté comprarme un wi-fi USB externo de 300 metros de alcance (45€ y sin posibilidad de devolución si no me servía) y un cable extensor de 3 metros para colocarlo en el terrado. Me decanté por la sabiduría popular que dice que si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña.

Lo primero que hice fue llevarme mi portátil Towando a Ayamonte. Una vez que cenamos estupendamente, nos fuimos a la plaza de la Laguna y allí despertamos a Towando para que buscase esa red abierta que generosa brindaba sus ondas a los caminantes. ¡La encontramos! ¡Cuatro rayas! Desde aquí quiero darles las gracias a sus dueños.

Al día siguiente visité a Merche y Juan que me han acogido como ocupa y me han dejado uno de sus dos puntos de acceso reventados. Tengo que colocar a Towando en la ventana y así pillo tres rayas. El efecto colateral es que usurpo a los pobres perros de la casa el alfeizar para dormir la siesta. Turco, un fox terrier, me golpeaba con su pata y me miraba con unos ojos que partían el alma, pero tres rayas, son tres rayas.

En este estado mendicante de ondas me encuentro por culpa del abuso en los precios de los servicios para los veraneantes. ¿Algún organismo puede desfacer este entuerto?

Lula

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(1) Bueno, la casa es de mi marido que tenemos separación de bienes