En el SensoMeme de los sentidos le prometí a Rrio que tomaba el testigo. He de confesar que mis sentidos están un poco descompensados por lo que me inclino a escribir sobre los más desarrollados: el olfato y el gusto.

De mi viaje reciente a Cuenca me agencié una buena provisión de miel de naranjo y de romero. No incluí en el lote la de espliego, que es mi miel favorita, porque en estas fechas enseguida se endurece y no es lo mismo el bloque compacto que cuando fluye densa y aromática. Para mí no hay mejor miel que la que producen las abejas de mi pueblo, las dulces labradoras que alguna vez me picaron en la infancia, aunque ahora las transporten en invierno a Valencia para extraer el aroma de los naranjos.

Mi abuelo, entre otras cosas, era apicultor y me llevaba algunas veces a “cortar” la miel. He podido sentir el placer de poner mi lengua en el hilillo dorado que fluye de un panal cortado. He mancillado con mis dedos el caudal del grifo de la centrifugadora que separaba de miel de la cera. He vivido el proceso de obtención de la miel en todos sus pasos aunque ahora tan sólo pueda ser una consumidora rendida a su olor y sabor.

En casa de mi abuelo siempre había abundante provisión de miel de cosecha propia y se utilizaba de muchas maneras. Una de ellas era mi postre favorito: pepinos con miel. Sé que sonará extraño pero tengo asociados estos dos alimentos como un maridaje perfecto. Si pelo un peino para una ensalada enseguida viene a mi mente el olor de la miel y la imagen de una tira de pepino sumergiéndose en un plato lleno de miel para emerger chorreando gotas de dulzura antes que de que una boca golosa las degluta con inusitado placer emulando las magdalenas de Marcel Proust(1). Cuando abro el tarro de la miel para las tostadas del desayuno inmediatamente irrumpe el olor de peino. Para mí no son dos alimentos separados, sino una unidad de olor/sabor.

Buscando en Internet imágenes para el post he encontrado que la mascarilla de pepinos con miel es lo mejor que hay para el cutis. Toda la vida pensando que me mantenía joven y lozana por la paz de espíritu y mira por donde tenía cierta ayudita zampándome la mejor mascarilla para el cutis. Ya saben, prueben la fuente de la eterna juventud, tomen de postre unos pepinos con miel.

Sección-Reflexiones


(1) Creo que las magdalenas de Mercadona son mejores.

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