Pablo Neruda decía “Confieso que he vivido” y yo podría decir “Confieso que me he reído” y es que en mi pasada vida laboral tuve la suerte de estar rodeada de personas con sentido del humor. En mi primer trabajo, cuando íbamos con batas y a lo loco, las situaciones cómicas las provocábamos nosotros mismos y las celebrábamos con esa risa floja que solo se tiene en la juventud.

De todas las bromas hubo una que destacó por su perseverancia ya que se realizó puntualmente cada mañana durante un año. El afectado nunca se enteró y a los bromistas nos producía unas risitas disimuladas que daban paso a trabajar en serio.

Todo empezaba cuando todos los curritos estábamos sentados en nuestras mesas. Para entrar en escena describiré la oficina de “Cobardín Ateo” que estaba situada en una zona industrial del noreste de Madrid. Era diáfana y tenía unas mesas dispuestas junto a las ventanas que estaban ocupadas por los más antiguos del proyecto. Los novatos nos sentábamos en la zona central en una doble hilera de mesas a la que le llamábamos “El autobús”. PacoM y Gasset presidían el autobús a modo de conductor y de cobrador[i] respectivamente. Yo me sentaba detrás del conductor, es decir de PacoM. El despacho del jefe estaba al fondo a la derecha, en una zona separada con mamparas móviles.

Cuando hacía su aparición el jefe tenía que pasar por el lado del conductor. En este momento, el cobrador, es decir Gasset decía:

- Me pareció ver un lindo gatito

A lo que contestaba el conductor muy serio

-  Si, es un gatito lindo

A este diálogo acompañaban unas risitas de los demás ocupantes del autobús mientras el jefe se dirigía a su mesa.

Se preguntarán en qué residía la gracia, pues sencillamente un cuasi calambur de ga-ti-to-li-do con el apellido del jefe. Al igual que Isabel de Borbón no se dio por aludida cuando Quevedo le dijo aquello de Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja, nuestro jefe jamás relacionó esa frase mañanera con su persona y a nosotros, traviesos novatos, nos divertía en extremo este atrevimiento.


[i] En los años 80 en los autobuses aún había cobradores

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