En el sector de las tecnologías, comer “de tupper” es algo habitual, incluso las empresas habilitan espacios para los que eligen este medio para alimentarse. Pero no siempre fue así, hubo un tiempo en que la tartera no se consideraba a la altura de un ingeniero que se preciase.

En la empresa en la que trabajaba en los 90 teníamos un comedor regentado por una contrata de esas que sirven unos menús grasientos, insanos, con un tufillo a comidilla capaz de inhibir cualquier apetito. A pesar de las quejas por la mala calidad de la comida la contrata se perpetuaba año tras año gracias al apoyo incondicional del responsable de la infraestructura del edificio, al que llamábamos Pelotez.

Esperábamos la hora de la comida con temor, sobre todo cuando el olor a rancho llegaba hasta los laboratorios. Solíamos preguntar a los que comían a primera hora cuál de los platos NO debíamos comer. Después de varios años perdimos la esperanza de que cambiase la contrata al que nuestro paladar y olfato no se acababa de acostumbrar y decidimos un grupo de compañeros traernos la comida de casa.

El primer día que aparecimos con la tartera en el comedor causamos sensación. Fue la “comidilla” de los pasillos hasta que llegó a los oídos de Pelotez que rápidamente se sintió obligado en intervenir. Primero intentó que nuestro jefe nos prohibiera traernos el tupper de casa y fracasó totalmente por lo que vino a presionarme a mí, que era la única del grupo que era jefecilla, intentando hacerme comprender la imagen tan lamentable de un ingeniero comiendo con tartera. Aproveché la ocasión para darle mi opinión sobre la calidad de la contrata y la cosa quedó en tablas.

El segundo día, cuando fuimos al comedor con nuestra comida casera, nos encontramos a Pelotez y sus chicos haciendo una barrera ante el microondas. Fue como un duelo del oeste, sostuvimos la mirada, seguimos avanzando y no nos dejamos intimidar. Pasamos la barrera y calentamos nuestros tuppers.

Pelotez no se rindió y subió el tema al comité de dirección. Menos mal que el CEO era un hombre con sentido común y dijo que si la gente prefería traerse la comida de casa era mejor habilitarles un espacio en el comedor a que comieran en los despachos.

Así abrimos camino a otros compañeros a traerse la comida de casa pero no conseguimos que se cambiase de contrata que siguió durante muchos años estropeando estómagos y atascando arterias con la bendición de Pelotez que se mantuvo en su cargo hasta su prejubilación.

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