El alcalde tuitero

twijote
En un lugar cerca de Granada, cuyo nombre es bien conocido, gobierna un alcalde tuitero de los de tweet fácil, seguidores abundantes y ego atronador. Frisa la edad de los cuarenta y tres, es de complexión recia, un poco entrado en carnes y se le da un aire a Enrique Dans. La fortuna no le dio un apellido sonoro sino uno de esos que terminan en «ez» de los que hay multitud y no distinguen, por lo que gusta sustituirlo por el nombre de su pueblo que es tan breve como rotundo.

Los ratos que está ocioso se da a escribir tweets y en contestar a sus muchos seguidores que jalean sus ocurrencias. De tanto vivir en el mundo virtual se le llenó la cabeza de fantasía y confundió a sus seguidores en Twitter con los militantes de su partido y retó al aparato oficial del PSOE de Andalucía presentándose a las primarias. Se enfrentó en desigual batalla con molinos de viento inamovibles usando sus armas digitales que nada pudieron hacer contra las aspas que mueven los vientos analógicos y cayó derrotado.

El alcalde tuitero seguirá batallando y dando que hablar en el futuro, así como en el pasado muchos y sorprendentes sucesos le preceden como este que paso a relatar:

De lo que aconteció en la presentación del libro: “La comunicación Política y las Nuevas Tecnologías”

Poco tiempo ha, invitaron al alcalde tuitero a la presentación de un libro académico, un acto formal y protocolario del que solo cabía esperar unas prosaicas y aburridas intervenciones de los ponentes pero con su presencia el evento derivó en batalla dialéctica y casi campal ante la sorpresa de los atónitos asistentes.

Tomó en primer lugar la palabra el alcalde tuitero, haciendo una oda a su aldea digital en la que todos los vecinos de cualquiera edad y condición gozaban de acceso a Internet. Un lugar en el que desde el alcalde hasta los barrenderos tuiteaban, en el que no existían barreras para conectarse que no pudiesen ser derribadas como en el caso de una anciana con artrosis que le fue adaptado un teclado con el que podía chatear y hacerse pasar por mozuela. Un nuevo renacer de la edad de oro en lo digital.

Le dio la réplica un catedrático de sociología, un hombre menudo y frágil cuya fuerza residía en su razonamiento analítico y su capacidad de expresar con claridad y fluidez su pensamiento. Era este académico ciberpesimista y por tanto comenzó a rebatir de una manera razonada el discurso triunfal del alcalde tuitero, desmontando uno a uno sus argumentos. Dizque entre otras disquisiciones comentó que no era muy edificante el ejemplo de la anciana que se hacía pasar por mozuela en los chats, lo que causó una reacción desmedida en el político.

El alcalde tuitero montó en cólera contra el catedrático contestando de forma airada a que nadie podía hablar mal de sus vecinos en su presencia y que exigía una rectificación. Gracias a que el moderador de la mesa estaba entre ambos no llegó la sangre al rio ya que la desigualdad de fuerzas físicas estaba muy descompensada. Al moderador se le fue de las manos la moderación y no sabía cómo poner paz. El público, del lado del catedrático, trató de hacer entrar en razón al irritado alcalde. Pero en vez de llegar la calma se despertó su ego herido y comenzó a desbarrar por la línea de «ustedes no saben con quién están hablando«.

Llegado a este punto el alcalde blandió su tablet, mostrando sus muchas hazañas digitales, que si asesoraba a Alfredo Rubalcaba en redes sociales, que tenía una herramienta de predicción con la que predijo los resultados del 38º congreso del PSOE, que el equipo de Obama le había llamado y llevado a USA para conocer de cerca sus herramientas de predicción, etc…A cada una de sus proezas mostraba en su dispositivo las imágenes o artículos que corroboraban cuanto decía. Los asistentes se miraban desconcertados entre sí por este comportamiento tan fuera de lugar en un evento académico comentando su falta de cintura siendo político.

De esta manera el alcalde tuitero se desveló como un político que solo se escucha a sí mismo para su mayor gloria y que es incapaz de asimilar que le contradigan, incluso con los argumentos mejor razonados.

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