Planes rotos

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Como buena capricornia me gusta hacer planes realistas y por tanto siempre espero que se cumplan, pero a veces hay rachas de mala suerte que hacen que el plan más simple y cercano se haga añicos. Llevo un mes de mala racha, agudizándose estos dos últimos días hasta tal punto que he decidido dejar de hacerlos hasta que escampe.

Después de un invierno tan frío y largo esperaba la llegada del verano para poder descansar y tomar el sol. La primera oportunidad se me presentó en julio cuando metimos los bártulos en el coche rumbo a “la casa del soltero”, entre el mar y la marisma. Pero la casa castigada con los rigores del tiempo requería de nuestros cuidados y la playa quedó en baja prioridad. Apenas pude visitarla una hora la mitad de los días y me volví casi del mismo color con el que llegué.

Aún me quedaba agosto y pensé que podría ir al club de golf a jugar un partidito de pares 3 y bañarme después en la piscina. Dicho y hecho, allí me fui sin saber que ese sería el primer y el último día. Cuando llegué a casa me encontré con la sorpresa de que me vencía en breve el seguro de coche y mi marido había cambiado el seguro de a todo riesgo a terceros (los recortes llegan a todos lados). Como tenía el coche lleno de raspones y abolladuras de mi mal aparcar y no había más opción que llevar a arreglarlo inmediatamente así que enterré mis sueños de ocio y disfrute matinales.

No acabó aquí la cosa. Al día siguiente fui a dar el parte a la aseguradora que tenía las oficinas cerca de El Retiro pensando “cuando termine me doy un paseíto por el parque que hace un día muy bueno”. Pues no, no hubo paseo por el parque, las oficinas las habían trasladado a la Castellana. Busqué en google maps dónde estaba el número 257 y me señaló que cerca de la plaza de Castilla, cosa que era falsa como las pesetas de madera y tuve que dar un paseo tan largo como cruzarme El Retiro pero por el cemento y a pleno sol hasta llegar a mi destino.

Visto lo que hay, me quedaré en casa sin hacer ningún plan, conjurando la mala suerte en el congelador y poniéndome la ropa interior del revés como me aconsejó S.M. hace tiempo después de un viernes negro.

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