Aquí hay tomate

Nunca se sabe en que momento va a ocurrir algo digno de ser escrito. El Destino es caprichoso y siempre salta la liebre donde menos se espera. No podía imaginar que mientras esperaba mi turno en la charcutería J.C. Cifuentes(1), encontraría material para escribir este relato.

Los parroquianos de J.C. Cifuentes por lo general esperamos pacientemente una larga cola hasta que nos llega la vez, anestesiados por el aroma de chacinas ibéricas. Pero ese día fue especial, sólo había una clienta a la que estaban atendiendo y una servidora a la espera de mi turno. Acababa de irse un señor mayor al que no presté mayor atención. Parece ser que el señor se había interesado por unos botes de cristal que contenían tomate en conserva, pero no los había comprado.

La clienta, que estaba siendo atendida por J.C. Cifuentes, le comentó:
- Que te apuestas a que ese señor que te ha preguntado por el tomate no te lo compra. Mucho preguntar pero luego no compra nada. Sin ir más más lejos yo le dije el jamón tan bueno que tu vendes, ese de 100 euros el kilo, y me dijo que él lo necesitaba para croquetas y que con otro se apañaba mejor. Y no será porque no tenga dinero, porque es un profesor jubilado y además está soltero...

En este punto terció J.C. Cifuentes
- Si no se ha casado es porque no le gustan las mujeres, porque yo le noto algo raro. Después de 20 años detrás del mostrador, es como si tuviera la carrera de sicología.

A lo que la señora respondió
- No le falta razón, siempre lo hemos pensado y en el barrio tiene fama de eso. Le gusta estar rodeado de niños, pero no les hace nada, es muy pacífico. Lo conocemos desde hace más de treinta años, jugamos al dominó todos los sábados en el club Canoe...

J.C. Cifuentes la interrumpió
- Vamos que es un pederasta…, no me diga que juega al dominó en el Club Canoe, entonces debe conocer a fulanita, menganita y zutanita...

En ese momento metí yo baza
- ¡Ja, ja, ja! ¡Vaya nivel de cotilleo! Esto parece el programa de Terelu, ¡cómo nos influye la telebasura!

Afortunadamente para el dúo calumniador y la cómplice oyente, la conversación derivó hacia los programas de telebasura, dejando el corte del traje del ausente para otro momento. El que breves instantes atrás había sido tachado de mentiroso, tacaño y pederasta, apareció de repente, para, ¡oh sorpresa!, comprar los botes de tomate por los que se había interesado.

Estando aún de compra presente el injustamente calumniado, su compañera de dominó se despidió de J.C. Cifuentes con la siguiente frase misteriosa para el que no estaba en el ajo:
- De lo que dije, ya ve, me he equivocado

El delito que cometió el compulsivo comprador de tomate en conserva fue estar ausente habiendo más de dos personas que le conocían. No es por ser paranoica, pero si llegáis a un puesto del mercado y conocéis al menos a dos personas y dicen frases a las que no le veis claro el sentido... entonces mosqueaos porque:
¡Cuate, aquí hay tomate!

 

 

Lula

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(1) Para situar esta charcutería, en el relato El mercado queda perfectamente ubicada.