El Destino

Buscamos afanosamente la felicidad sin saber detrás de qué puerta se esconde, con el riesgo de pasar de largo y dejarla atrás. Sin embargo, a veces sale al encuentro sin buscarla, en tiempo de desesperanza, cuando se da todo por perdido.

Cuando entró en la tienda a gastarse los últimos restos de su pasado no sabía que en ese momento comenzaba a dar los primeros pasos hacia su futuro. La atendió el dueño del establecimiento que amablemente intentó ayudarla a elegir un regalo. Ella no sabía lo que pretendía comprar, pero sí la cantidad exacta que quería emplear.

Ese dinero que trataba de gastar o malgastar, como ya había hecho en otras ocasiones, procedía del ajuste final de cuentas de su noviazgo. Una relación iniciada en la adolescencia, consolidada en su incipiente juventud con la adquisición de una casa con sus enseres, finalmente abocada al fracaso y liquidada económicamente.

Con el corazón roto, pensó que estos caudales deberían discurrir hacia los mares del derroche. Poco a poco fue dilapidando las rentas de su pasado con la esperanza de blanquear las cenizas de lo que fueron sus sentimientos, dando lugar a unos latidos menos dolorosos.

Cuando empujó la puerta de la tienda de regalos estaba a punto de culminar su rito pródigo. Tan sólo tendría que desprenderse de la última cantidad para quedar libre de los fantasmas del pasado. Se estableció una corriente de simpatía entre el propietario del comercio y ella. Comenzaron a hablar de cosas intrascendentes hasta que ella dejó caer por casualidad el número áureo destinado a poner fin a su tormento. Juntos encontraron el regalo que se ajustaba a las intenciones de ella, pero seguían hablando animadamente a pesar de haber finalizado la compra. Cuando ella abandonó el local, no pudo evitar una última mirada hacia atrás que fue correspondida con una sincera sonrisa por parte de él.

Al día siguiente se encontraron en una pastelería próxima a la tienda de regalos, se saludaron y reanudaron la conversación del día anterior. Esta vez se les unió el dueño de la pastelería que resultó ser un amigo común. Fue el inicio de una relación auspiciada por la dulzura del lugar, dejando atrás el amargor del desengaño.

El Destino caprichoso los hizo caminar por caminos paralelos que nunca se cruzaban, hasta el día que ella decidió quemar los últimos restos de su pasado.

Lula

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