El sabio profesor

Asistí a la entrega del primer premio Nacional de Sociología y Ciencia Política, que recaía muy justamente en el profesor Francisco Murillo Ferrol, padre de un buen amigo mío. Fui invitada a este acto que se celebró en el hotel Wellington(1) , al que acudí encantada y con los ojos bien abiertos para no perder detalle del ambiente político-académico, tan ajeno a mi entorno.

A pesar de la larga retahíla de títulos académicos - Catedrático Emérito y Académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas- acumulados en su larga trayectoria profesional dentro del pomposo entorno Académico, donde la vanidad se alimenta con terminaciones en -ísimos, me decanto por el tratamiento de profesor, ya que fue en la enseñanza y en la dirección de tesis doctorales donde él se sentía como pez en el agua, y aunque oyó los cantos de sirena que le susurraban cargos burocráticos, su sabiduría -a modo de tapón de cera- le libró de la tentación de caer en ellos.

La entrega del premio la presidía la Infanta Cristina y el premio lo entregaba el presidente del CIS(2) en nombre del Vicepresidente del Gobierno. En el salón circular del que colgaban enormes tapices había dispuesta una tarima con la mesa presidencial. Tardé varios minutos en reconocer que en este salón había estado en una boda hacía escasamente un mes(3) , siendo los tapices los que me refrescaron las neuronas. Presidía la mesa la Infanta(4) , flanqueada por los políticos, estando su espalda custodiada por un militar al que no le pude contar las estrellas, sólo le divisé unas barritas multicolores prendidas en la zona del corazón.

Los discursos de los políticos, en su línea habitual, fueron fatuos y fríos, sin ninguna capacidad de improvisación, se limitaron a leer las cuartillas -seguramente escritas por el pelotilla de turno- cuyo contenido tenía el don de la ubicuidad, sirviendo tanto para una entrega de premios como para una mesa redonda u otro evento que se terciase. El discurso de Salustiano del Campo, prestigioso sociólogo, nos acercó a la figura del sabio profesor con un entusiasmo muy sincero. Cuando le llegó el turno al premiado, se pudo ver la diferencia que media entre un orador brillante y unos lectores de discursos planos.

El sabio profesor nos deleitó, con su sorna granaína, con un discurso lleno de frescura, cuajado de divertidas anécdotas y, desgranados con sabia dosificación, inteligentes puyazos contra lo políticamente correcto. Lo que más me sorprendió de él fue su ejercicio de la libertad de pensamiento, sin llegar a herir susceptibilidades, no sé si debido a su carácter pausado, a su gracia en expresarse, a su personalidad o a la impresión de que sabe bien de lo que habla.

Después de escuchar al sabio profesor lamenté mucho no haber sido alumna suya.

 

Lula

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(1) Estupendo hotel situado en el madrileño barrio de Salamanca cuando se da la mano con el Parque del Buen Retiro. Los toreros tienen cierta querencia en alojarse allí y sus salones acogen a las tertulias taurinas en la feria de San Isidro.
(2) CIS- Centro de Investigaciones Sociológicas
(3) No se si porque con la edad estoy perdiendo facultades o porque bebí más de la cuenta en la celebración
(4) Cuando estudiaba esta Infanta en la Universidad Cumplutense, se podía leer en la paredes la pintada: Ni Fanta de naraja ni fanta de limón.