MONOGRÁFICO DE LOS FILOPHONES


II-Benigno, el Sócrates de los Filophones

Le podríamos comparar con Sócrates por su forma de ser y vivir la vida, salvando dos pequeños detalles: Benigno dejó obra escrita y se jubiló a los 65 años con todos los honores. Él tuvo más suerte que el filósofo en la época que le tocó vivir. En vez de una copa de cicuta, le organizaron una magnífica despedida a la que asistió la flor y nata de las telecomunicaciones.

Le recuerdo siempre sonriente y de buen humor. Eso que ahora se llama buen rollito, se palpaba en el ambiente de su equipo de trabajo, formado entre otros por Noblejas y Alcaide. Cada uno tenía su parcela de trabajo y trabajaban afanosamente sin molestarse los unos a los otros.

Acudía como experto allí donde le llamaban, sin que hiciese nunca ostentación de conocimientos. Escuchaba y cuando tenía que hablar, hablaba. Cuando en las reuniones se encontraba algún ignorante pavoneándose con descabelladas ideas marketinianas, de esas de las escuelas de negocios, le escuchaba con paciencia y al final le soltaba una ironía demoledora cargada de sentido común. Más de algún yogurín se fue con rubor en sus mejillas ante los aplastantes argumentos de nuestro Sócrates filophone. Como puede observar el lector, estamos hablando del pasado, a día de hoy ningún yogurín que se precie deja aparecer dicho rubor sólo por unos simples argumentos aplastantes, el aplastado sería más bien el filophone.

No en vano, Benigno podía hablar con conocimiento de causa. Entró a trabajar en la telefonía casi con pantalón corto y su curiosidad natural hacía que estuviera al tanto de cualquier novedad, lo que le permitió acumular al cabo de su vida laboral un sinfín de conocimientos. Fue maestro de los que luego llegarían a ocupar los más altos cargos, pero él estaba muy a gusto en su lugar y nunca renunció a decir lo que pensaba, con esa libertad de los que están por encima del bien y el mal.

Cuando empezamos a tener las primeras reuniones, él escuchaba y se sonreía. A lo sumo nos decía, “qué gusto da ver a gente joven hablando de relés”. Se marchaba a su mesa y nos dejaba con Alcaide para discutir los detalles, pero seguía escuchando desde su sitio.
Como la negociación de las especificaciones la llevaba con dos jovencísimas ingenieras, Benigno sólo conocía el lado femenino del equipo y nos llamaba “las niñas”, apelativo con el que nos recuerda pasados ya los años, como un padre para el que el tiempo no pasa por sus hijos. Se jubiló al año de empezar el proyecto, antes de que comenzara a dar frutos, pero nos visitó cuando funcionó el invento y nos confesó, “nunca pensé que llegara a funcionar, porque cuando os oía discutir yo no decía nada pero veía que no teníais ni idea”.

Viajero infatigable, dedica su tiempo en ir de aquí para allá, con buen humor y sin perder la curiosidad por todas las cosas. Todos los que le conocemos tenemos un recuerdo imborrable de su persona.

Lula

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