La Laguna Estigia

Aunque los expedientes-X recogen el anecdotario de los muchos y extraños sucesos que me acontecen en esta tortuosa andadura que es mi vida, hago una excepción para relatar una experiencia de mi hijo que a fin de cuentas desde que me la contó es como si fuera mía.

Se encontraba mi vástago en esa edad en que a los muchachos les salen los primeros pelillos del bigote y la voz empieza a ponerse grave, pero no siempre, liberando de vez en cuando algún gallo. En plena metamorfosis, con un lamentable estado de la cubierta exterior de su alma, él y sus compañeros del instituto derrochaban todas sus energías ejercitando ese deporte tan insulso llamado fútbol, dejando en segundo lugar el estudio de las ciencias y como nota de color, poco acorde con su rudeza, el estudio de la cultura clásica, asignatura catalogada como maría que les despertaba poco entusiasmo. Los profesores, con nulas esperanzas de estimular en ellos el amor por la cultura clásica, resolvían la asignatura mediante un trabajo en grupos de 3-4 estudiantes para no agobiarlos. Cada uno de los grupos elegía un tema mitológico, lo desarrollaba y llegado el momento un portavoz lo leía a toda la clase en presencia de la profesora.

Un grupo eligió como tema La Laguna Estigia. Se reunieron en casa de uno de ellos y sacando información de aquí y de allá lograron rellenar unos cuantos folios. Como es lógico, había muchas referencias al paso de La Laguna Estigia, siendo este paso el tránsito entre la vida y la muerte. Los difuntos eran llevados a la orilla de La Laguna Estigia, donde aguardaban la llegada de la barca de Caronte, que los transportaba al mundo de los muertos. Era necesario pagar el pasaje al barquero, por ello existía la costumbre de colocar en la boca de los muertos una moneda. Curiosamente era el propio difunto quien remaba, nunca Caronte (1). El paso de La Laguna Estigia los trasladaba definitivamente al otro lado de la orilla, al mundo de los muertos, cuya entrada estaba custodiada por Cancerbero, el siniestro perro de tres cabezas.

El portavoz del grupo, en un ataque de realismo mágico, empezó la lectura del trabajo sustituyendo la palabra paso por pato, sintiéndose cómodo con esta acepción ya que es la cosa más natural que haya un pato en una laguna, máxime cuando al otro lado hay un perro. Estaba el portavoz tan ensimismado con las aventuras del pato de La Laguna Estigia, que no oía los murmullos ni las risas ahogadas de toda la clase. La profesora, en un alarde de sentido del humor, dejó que continuase la exposición de tan surrealista relato que cada vez carecía más de sentido. Los compañeros del grupo, en vez de solidarizarse con su portavoz, empezaron a renegar de él por medio de gestos a la profesora, viendo que sus posibilidades de aprobar la asignatura disminuían cada vez que el pato de La Laguna Estigia hacía acto de presencia en el relato.

El grupo de los patosos estaba formado por los empollones de la clase, lo que les libró del cero patatero - o en este caso patotero- pero se pusieron en evidencia ante el resto de la clase, que tuvo tema de guasa con lo del pato para todo el curso. De esta forma aprendieron en sus propias carnes la esencia del mito: comenzaron pagando el pato como preludio al inevitable pago a Caronte que a todos nos aguarda.

Lula

Más relatos de Lula, pulsar aquí
e-mail de contacto: seccionfemenina@gmail.com

(1) Igual que en las gasolineras y en los hipermercados, que lo haces todo tú y además pagas