El mando intermedio

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Tabla de contenidos

I- Los parásitos del ecosistema laboral

by El Profe

Los mandos Intermedios son parásitos por excelencia de la empresa moderna, que se instalan en los neurotransmisores entre la dirección de verdad y los currantes de verdad y chupan la sangre, en forma de nómina mensual, oscureciendo la comunicación entre los que dan el callo y los que ponen la cabeza para que se la corten.

El mando intermedio, que suele tener cargos de nombre ambiguo como "Jefe de Área" o "Responsable de Sección" no pega ni brote porque para eso están los currinchis, ni tampoco toma decisiones ni asume responsabilidades porque para eso está la Dirección General. Limítase este espécimen a resumir como Dios le da a entender lo que le dice un extremo de la comunicación deformando a su gusto, interés y antojo el mensaje, cual los esperpénticos espejos cóncavo/convexos de "Las Bravas" (1), asistir a reuniones con otros mandos intermedios para "coordinarse", así como a denigrar a sus subordinados ante sus jefes ("si es que no trabajan", "no tienen iniciativa") y a sus jefes ante sus subordinados ("la dirección no tiene un rumbo claro", "no NOS valoran", "a ver si cambian al director").

A pesar de parecer materia inerte que no reacciona con el entorno, sí que tienen una función clara: tramitar todo tipo de burocracias inútiles, actuando cual estiércol en las fértiles tierras de las grandes empresas y administración para aumentar la cosecha de papeles en forma de correos electrónicos impresos.

Allí donde existan cargos intermedios, indefectiblemente aparecerán como hongos informes semanales y mensuales de seguimiento sin otra audiencia que la ya sobrecargada de información Dirección General (que, como indica el cargo intermedio, para eso está, para leerse los informes), aunque numerosos en páginas y prolijos en detalles, los cuales no habrán sido redactados por el cargo intermedio, sino que serán un apelotonamiento informe (corta y pega, en lenguaje del Office, tan claro al mando intermedio) de lo que producen el jueves por la tarde a última hora los currinchis (que, como también indica el cargo intermedio, para eso están).

La función de "corta y pega" que desarrolla el cargo intermedio es asimétrica en sus partes y simétrica en su totalidad. Explícome para buen entendimiento del lector: la suma de informes de seguimiento de subordinados tiene más de "corta" que de "pega", ya que las notificaciones de problemas, retrasos y peticiones de ampliación de recursos de la plebe son inmisericordemente recortadas para no molestar a la Dirección General con minucias y lloriqueos de los subordinados. En contrapartida, las peticiones y/o exigencias de la Dirección General reciben un tratamiento también asimétrico, cargando esta vez las tintas en el "pega", esto es, añadiendo puñetitas diversas (la mayoría de ellas asémicas como las referencias a la excelencia y la calidad) y recortando los plazos previstos de entrega para "tener un margen". De esta manera, al final del mes se han equilibrado los "corta" con los "pega" y todos felices.

Los viernes suelen coincidir con el día de mayor actividad para los cargos intermedios, ya que es necesario ganarse la manduca haciendo perder una hora (o dos) a los subordinados en la "reunión de seguimiento matinal" de forma que tenga "material" para la "reunión de seguimiento vespertina" con sus propios jefes. La reunión matutina se caracteriza por el aburrimiento generalizado, ya que todo está dicho a lo largo de la semana entre jefe intermedio y subordinado, si bien el jefe intermedio procura darle "vidilla" intercalando la frase "hazme un informe de esto", "¿has hecho el informe semanal?" con hilos de vana esperanza del tipo "esta tarde mismo planteo al director lo de las máquinas que os faltan", "lo del baño que no funciona ya lo están arreglando", "me han dicho que el software está de camino".

La reunión vespertina suele ser más viva y divertida para el observador externo, ya que hay sobreabundancia de información (cinco cargos intermedios recopilando información por la mañana dan para mucho de explicar el viernes por la tarde), y broncas divertidas entre jefes intermedios (las famosas responsabilidades cruzadas entre unidades). A una hora indeterminada de la tarde, el jefe supremo que realmente asume la responsabilidad acaba aburriéndose, dice lo de "para el viernes que viene quiero este problema solucionado" y se levanta la sesión sin que los problemas de verdad se hayan tratado, porque como indicará el jefe intermedio a sus subordinados el lunes por la mañana, "no estaba el horno para bollos" y "teneMOS que hacer un esfuerzo esta semana aunque no estén las máquinas porque el gran jefe ha dicho que lo quiere para el jueves, hacedme un informe de qué NOS falta por hacer".


(1) Los espejos de "Las Bravas" en los que se reflejaba Max Estrella en "Luces de Bohemia"

II- El inicio de la escalada

by Lula

En las cimas de las organizaciones, ya sean las Empresas, la Administración o las Universidades, pasa lo mismo que en las montañas, cuanto más alto, menos oxígeno. Sólo los pulmones privilegiados o los que se han ido adaptando a la altura pueden respirar sin expirar.

Algunos llegan a la cima en helicóptero - las malas lenguas los llaman "paracas"(1)- sin necesidad de escalar desde la base. Es condición necesaria que hayan recibido una educación orientada a las alturas, amén de disponer del correspondiente vehículo que los transporte a la cúspide.

"Los otros" deben realizar la escalada desde los cimientos de las estructuras organizativas, quedando muchos por el camino. Por esta travesía van ascendiendo en busca del báculo del poder los que se sienten con ánimos de llegar a la cima, sin embargo, algunos abandonan la senda de la gloria por no sentirse con fuerzas para seguir subiendo, porque no les compensa el esfuerzo o simplemente desertan para evitar la servidumbre de este vía crucis.

Todos los escaladores laborales inician su ascenso por el grado del mando intermedio, con el entusiasmo propio del que inicia una vida mejor. Cuando se estrenan en el cargo, piensan que su puesto se lo deben a sus propios méritos: inteligencia, esfuerzo, lealtad,... La verdad es que la vanidad humana aporta varias dioptrías en la visión de la realidad porque estas virtudes proporcionan un verdadero repelús a las jerarquías superiores que generalmente buscan a un "tonto útil" para sus propósitos, porque para listos ya están ellos. Si el mando intermedio persiste en esa autoestima, no prosperará en su carrera laboral.

Para los que superen esta primera barrera de la autoestima se les aplica el filtro: "si quieres conocer a fulanito dale un carguito". Por regla general, salvo honrosas excepciones, le sale la vena Hyde que llevaba oculta en su fachada Jekyll. Lo que antes criticaba como currito, ahora, con mando en plaza, le parece correcto. Esta transmutación se le suele llamar flexibilidad, ya que por fin fulanito no se enroca en posturas firmes, dejándose llevar por las corrientes de opinión de los niveles superiores, actitud denominada "I agree".

Una vez que ha dejado atrás la autoestima y se ha dotado de flexibilidad, el mando intermedio ha adquirido su madurez como jefe y está listo para una subida en el escalafón. Como complemento y para subir nota, se puede emplear en actividades del tipo: un empujoncito aquí, un pisotón allá, una puñalada trapera acullá, alcanzando el grado de Cum Laude. En este punto nos encontramos ante un verdadero h.p.(2), con muchas, pero que muchas posibilidades de llegar a la cúspide, como los "paracas".



(1) Paraca, es término que referencia al jefe que viene caído del cielo cual paracaidista.
(2) Con h.p. no me refiero precisamente a un empleado de Hewlett-Packard.

III-El mando intermedio mujer

by Lula

En una sociedad donde la igualdad de oportunidades fuera real sobraría una disertación sobre la condición femenina y la jefatura. Pero desgraciadamente podemos escribir largo y tendido sobre esta variedad de mando intermedio. Siempre es un tema espinoso hablar de la mujer en el mundo laboral y me arriesgo a que me tachen de machista o feminista según la broma ingeniosa que se me ocurra para contar lo que pienso y lo que siento. Mi osadía la avala una dilatada vida(1) profesional, camino de alcanzar las bodas de plata en pocos meses y aunque no tiene límites, espero que dé pie a más de una reflexión y no se quede en una simple gansada.

De todos es conocido que el porcentaje de mujeres que alcanzan las cúpulas empresariales es muy bajo. A estos puestos, salvo excepciones, se accede por medio de la lenta escalada desde el mando intermedio. Parece que existe un techo de cristal que actúa de filtro para que las mujeres no puedan atravesarlo, aunque las oportunidades estén nítidamente a la vista de todos, hombres y mujeres.

Scott Adams(2), en su libro "Dilbert y la estrategia de la comadreja" también habla de ese techo de cristal, con una justificación un tanto escatológica(3), en la que no contempla el arribismo femenino, que creo que existe aunque en una baja proporción frente al masculino. Bajo ese techo de cristal pululan distintos perfiles de mujer, cada uno con distintas posibilidades de atravesarlo sin lastimarse con los vidrios rotos. Tras una labor de síntesis se puede catalogar a la fauna femenina laboral en cuatro grupos: enchufada, pasiva/sumisa, esforzada y trepadora.

La variedad de enchufada es similar a la de la variedad masculina, haga lo que haga nunca se hundirá, salvo que los voltios la abandonen cual desodorante traidor. Normalmente es tan odiada como temida y hay que soportarla como a las hemorroides, en silencio. Sus posibilidades de llegar a mando intermedio son altas y las de abandonar este estatus para adquirir el de ejecutiva aún mayores.

La pasiva/sumisa se aferra al papel de mujer indefensa que le aporta grandes réditos. Si además es agraciada y su aspecto es aniñado la vida le sonreirá continuamente. Esta mujer despierta en los hombres el instinto de protección, se volcarán en ayudarla, en disculparla y en hacerle la vida fácil. Si tuviera estudios universitarios, nunca le habrá faltado el solícito compañero que le explique el temario, le preste los apuntes y le haga los trabajos. En el trabajo, también encontrará otro atento compañero que se preste a ayudarla ante el beneplácito de su jefe, siempre que este fuese varón. En algunos casos la protección termina en boda, bien con el compañero o bien con el jefe. La cadena de protección se romperá cuando el jefe sea mujer y tendrá que buscar refugio en otra jefatura masculina. Esta variedad no suele llegar a ser mando intermedio, a lo sumo desarrolla una carrera profesional como consorte, pudiendo en algunos casos mudar el perfil por el de “enchufada” tras la boda.

La esforzada es la variedad más digna de admiración y compasión a la vez(4). Se siente en la obligación de demostrar a cada momento que es capaz de hacer todo igual o mejor que un hombre, tanto en los estudios como en el trabajo. No se da ninguna tregua, siempre quiere hacer las cosas por sí misma, sin buscar protección. Le gusta que valoren su esfuerzo, que frecuentemente es titánico. Suele tener mucho sentido común(5), que aplica a sus tareas cotidianas. Normalmente es muy sensible con la injusticia y como mujer hecha a sí misma, lucha abiertamente contra ella. Puede alcanzar con facilidad el mando intermedio pero sus posibilidades de promoción hacia la carrera ejecutiva o presidencial son nulas, a la vez que la probabilidad de dimisión tiende peligrosamente a uno con el paso del tiempo. Desde el punto de vista de sus jefes la esforzada es una histérica a la que se le puede sacar partido como "tonta útil"(6), pero que resulta muy incómoda cuando dice obscenamente la verdad y no se pliega a la insensatez de la gestión empresarial. Para este tipo de mujer al inicio de su carrera el trabajo llena su vida, pero con el paso de los años a lo sumo le llena la nevera. En ese punto de inflexión de su carrera profesional se replantea la reconversión al perfil pasiva/sumisa, aunque le cuesta mucho adaptarse a la parte de sumisa.

La variedad trepadora tiene un objetivo: atravesar el techo de cristal, sigilosamente o con estrépito, pero atravesarlo. Se podría decir aquello de: la española cuando trepa, es que trepa de verdad y a ninguna le interesa trepar para no pillar(7). La peligrosa mujer enredadera, enredará con todas sus artes. Hará uso de los perfiles de pasiva/sumisa o esforzada según merezca la ocasión e incluso intentará que los voltios pasen por su cuerpo. Sólo un pequeñísimo porcentaje de mujeres pertenece al club de la mujer con determinación de trepar y las posibilidades de éxito de las que lo intentan son muy grandes. Una vez en la cima se codeará con sus compañeras las enchufadas a las que superará en astucia y ego.

De las trayectorias de estos tipos de mujer, la esforzada es la que tiene menos posibilidades de llegar a la cima. Este dato ya lo tienen en cuenta los que pretenden la igualdad. Simplemente ampliando la cuota de enchufadas se les disparan los índices de paridad, pero para que quede políticamente correcto lo llaman "discriminación positiva".

Que paren el mundo laboral, que yo me bajo.



(1) No se puede llamar carrera profesional porque no persigo ninguna meta ni espero llegar a ningún lado y por supuesto no tengo ninguna prisa ni tengo intención de competir con nadie
(2) El creador del personaje Dilbert. Su libro "El principio de Dilbert" es un best seller y se vende en las librerías en la sección de economía
(3) Viene a decir: si usted pudiera dirigir una empresa de la lista Fortune 500 y lo único que tuviera que hacer para alcanzar el cargo de máximo mandatario fuera lamer 1.000 culos blancos y gordos y no ver más a sus hijos, ¿lo haría?, el 100% de las mujeres dirían "no, gracias", mientras que un 30% de los hombres dirían “Espere un momento que dejé mis tarjetas de visita en el coche”. Considera que la mujer está acostumbrada a que le abran las puertas, a sentarse antes en los restaurantes y a salir las primeras del ascensor. Los hombres acostumbrados a abrir las puertas, sentarse después en el restaurante y salir los últimos del ascensor, no les supone un paso muy grande de ahí a lamer culos

(4) Scott Adams representa a este tipo de mujer mediante el personaje de Alice, mujer esforzada al borde de un ataque de nervios.
(5) El menos común de los sentidos
(6) "La tonta útil" o "abrelatas" se ocupa de desbrozar el camino de cualquier iniciativa para que recojan los frutos los enchufados, mientras ella es arrinconada una vez hecho el trabajo.
(7) Burdo remedo de la copla española de "la española cuando besa es que besa de verdad, y a ninguna le interesa besar por frivolidad.."


IV-El mando intermedio masculino

by El Profe

Si bien es cierto que las variedades enchufado, pasivo/sumiso, esforzado y trepador también se dan en los ejemplares macho, no debemos cometer el error de extrapolar alegremente el comportamiento de la hembra de esta especie al macho.

Para empezar, el porcentaje de esforzados en el macho es extraordinariamente más bajo, ya que somos de natural vagos e inconstantes como bien sabe y critica ferozmente el mal llamado sexo débil. Un golpe de suerte, unos güevos bien puestos en el momento adecuado, la mano generosa del colega que es también del Atleti o con el que se juega al mus durante el jueves por la noche según se llama a casa para informar de que: "el-cabrón-del-jefe-nos-tiene-todavía-con-los-presupuestos-vete-cenando-ya-llegaré" y el trabajo de los subordinados son mejores guías que el esfuerzo propio, asunto poco viril.

Obsérvese nomás la organización de las sociedades primitivas. A santo de qué se va a quedar uno en la cueva recogiendo raicillas, quitando mocos de los niños y moliendo horas y horas el grano cuando te puedes ir con los colegas a cazar mamuts sin pegar ni puto clavo por ahí por los montes a tu bola, vivir la emoción de cazarlos ("Ahí está, ahí está, vete por la derecha, Martínez, menudo pedazo bicho"), que se cargue a alguno de paso el mamut y luego ya en la cueva con los colegas comentar la jugada ("Vaya güevos que tiene el de la cueva de al lado", "El Agamenón es un cagueta, no se arrima al mamut", "Pues el año pasado cazamos uno....") mientras dices generosamente a todos que coman, que coman mamut, que hay mucho. Cinco minutos de curro, un golpe de suerte, güevos bien puestos y a vivir, que son dos días. Qué leche!.

Y aquí llegamos al quid de la cuestión, para el macho todos los trabajos se pueden entender desde la perspectiva de las dos actividades en las que nos hemos especializado a lo largo de los milenios: la caza y la guerra. Por tanto, cada uno de los machos encontraremos nuestro puesto de mando intermedio suponiendo que estamos cazando o guerreando con el enemigo, que para eso Dios nos creó.

La herramienta principal en la caza y en la guerra es, sin duda, la jerarquía. El macho está educado desde pequeñito a obedecer y mandar, o mandar y obedecer, como se quiera y a separar racionalidad de obediencia ya que son dos cosas muy distintas. Así, nos salen dos categorías adicionales en donde en realidad se clasifican gran parte de los machos: el macho gris y el testosterónico. Analicémoslos:

El mando intermedio gris ni viene, ni va, no sube las escaleras, ni las baja, se mimetiza cual camaleoncillo y nadie se entera de que existe, ni subordinados, ni jefes mientras que burla, burlando, va tirando. Es, por cierto, este gallináceo más habitual en los ejemplares macho, por mucho que nos las demos de gallitos. Los ejemplares hembra lo tienen más complicado en muchas empresas, ya que es más difícil mimetizarse cuando todos los de la reunión comparten apéndice delantero, excepto la candidata a camaleón. No obstante, en la Administración, o la educación, donde lo que predomina son los ejemplares hembra, sí que se encuentran estos especímenes. Si hay algo que sabe hacer el macho gris es obedecer sin rechistar y sin tampoco poner en riesgo su integridad. Los antepasados del mando intermedio gris son los que tiraban de lejos la flecha al mamut mientras algún gilipollas que se había creído la arenga del jefe de la manada se cargaba al mamut acercándose y clavando bien la flecha, ganándose de paso una fractura de cráneo del patadón que le metía el mamut. Claro, la presión de la evolución ha hecho que esta especie de "esforzados" sea rara. Como bien se dice entre los mandos intermedios grises: "a los pioneros se los comen los indios".

La otra categoría, gran desconocido de las féminas en el mundo laboral (a pesar de lo que ellas creen), es el mando intermedio testosterónico. Son menos, pero se les nota más, porque dan mucha guerra. Como ya se imagina el lector, sus antepasados eran los que le ordenaban a Martínez que fuese por la derecha a por el mamut. Es fácil reconocerlos por el lenguaje tabernario, siendo señas de identidad frases como: "Esto, con un par de cojones", "De aquí no sale ni Dios hasta que esté acabado", "Me voy a comer, estaré de vuelta a las 7" (vuelve con alto índice de alcoholemia), "Reunión a las 20:30", "Pues devuelves los billetes y le dices a tu mujer que se vaya sola, pero esto el 15 de Agosto tiene que estar acabado", "A por ellos", "Me cago en su puta madre" "Y un mes antes de lo previsto lo tenemos nosotros preparado, contad con ello el 1 de Septiembre". "Ese no saenterao de quién soy yo", "Me los voy a follar a todos".

Hemos indicado que el jefe testosterónico es poco conocido por las féminas porque no suelen quererlas de subordinadas, ni ellas de jefes, a lo más la relación laboral dura 15 días, sino que prefieren a varones grises que llevan mejor las bravatas, siendo además los machos grises especialistas en pasarse dichas bravatas por el arco del triunfo diciendo que sí al testosterónico y luego buscando excusas para su incumplimiento y están acostumbrados a lo de estar hasta la hora que diga el testosterónico, pero tomando cafetitos con los colegas poniendo a parir al [Norman Bates] de turno sin hacer el trabajo encomendado hasta que tiene a bien hacer la reunión. Te echa el chorreo, tú, sin cuestionar la imposibilidad de lo que se pide, dices que la culpa es del departamento de fulano, que llevas esperando no sé qué suyo desde hace un mes, estás hasta la una de reunión, y listo, mañana será otro día.

Las féminas no saben tratar al jefe testosterónico porque asumen mal la regla básica de que el horario y las vacaciones las gestiona el dictadorzuelo. Cuando les piden imposibles en vez de decir que sí y hacer lo que les da la gana, dicen que no, que es imposible y, claro, se les hinchan las venas a los testosterónicos. Y como les aburre lo de ponerse en zafarrancho de combate, que les parece de niños, pues ni siquiera disfrutan de esos pequeños placeres que da el jefe testosterónico. Así mismo, la laxitud y vaguería en el despacho cuando el jefe testosterónico se ha olvidado de lo que había mandado, y por tanto no hay trabajo urgente, tampoco la disfrutan tomando cafés con los colegas hasta las 9, hora de irse, sino que pretenden irse a casa a las 7 porque no hay trabajo pendiente y salen del despacho ante los atónitos ojos del jefe testosterónico, que baja enormemente sus valoraciones.

Es fácil confundirse y creer que la actitud del jefe testosterónico se debe a su machismo, cuyas bravatas y frasecillas groseras hacen pensar esto. No es necesariamente así en muchos casos, ya que sí suelen respetar a las hembras trepas sedientas de sangre de subordinado/a que representan gustosas la liturgia de ser servil con el superior y feroz con el inferior. El jefe testosterónico sólo quiere un poco de cariño administrado en forma de obediencia ciega sin límites (sólo las formas, luego se puede lanzar la flecha desde lejos, te echa el chorreo, pero ya está, sigues siendo el fiel Martínez, "si yo lo intenté, pero es que había una piedra") que las féminas normales se niegan a dar de buen grado, poniendo pegas a las peticiones imposibles y negándose a que administren su tiempo, en definitiva, minando la autoridad del jefe testosterónico.

Espero con esto haber aclarado un poco más la taxonomía de esta especie, los mandos intermedios, que no hemos de apresurarnos en su estudio, sino hacerlo tranquilos y sistemáticos, ya que dista mucho de la extinción, estando más bien en expansión, al revés que los trabajadores esforzados o las direcciones generales informadas con visión a largo plazo, cual gaviotas o ratas comparadas con el lince ibérico o el oso panda.

V-El mando intermedio metrosexual

By El profe y Lula

Está perdiendo vigencia el dicho de "el hombre y el oso, cuanto más feo más hermoso" desde que algunos especímenes del género masculino han empezado a mostrar interés por su cuidado corporal. Desde el cuerpo danone a golpe de gimnasio hasta el interés por el feng-shui y la cocina creativa del País Estilo, pasando por una depilación a la cera hasta los dedos de los pies. Este tipo de hombres busca la perfección estética, les gusta la pulcritud y el orden y huyen de los hábitos comúnmente llamados “viriles(1), excepto la atracción por las formas femeninas.

La actitud del metrosexual también se refleja en su forma de trabajar, pero sobre todo en las áreas en las que desarrolla su carrera profesional. En su natural hacer, poco orientado a la brusquedad viril, tenderá a buscar las jefaturas intermedias que se encuentren lo más alejadas posibles de la primera línea de fuego y orientadas a las cuestiones laterales con gran futuro, pero nulo presente, como la gestión de la calidad, de los activos intangibles o la pomposamente denominada "gestión del conocimiento" o "knowledge management"(2). Igualmente pueden dedicarse a las relaciones institucionales o a la estrategia. Asimismo, le apasionan las áreas de definición de procesos, BPR(3), la inteligencia emocional, la evaluación de 360º y las técnicas de negociación. Cuando trabaja en algún proyecto, será en el Datamining o en el Datawarehouse, pero hasta que se da cuenta la dirección general que eso sirve para algo, momento en que se pasa la jefatura a un "testosterónico".

Un pequeño porcentaje de metrosexuales prefiere actividades más creativas y se dedican a la innovación en papel, también llamada "paperware", o en el extremo, "vaporware" o al diseño gráfico(4), pero siempre alejados de la cruda realidad, es decir, la aplicación práctica de su trabajo brilla por su ausencia. En ambos entornos pueden derrochar prosa huera o estética vana, sin perjuicio a terceros, más allá de las reuniones a las que el "testosterónico" envía a perder el tiempo a algún gris inútil para el trabajo a pie de trinchera.

No es especialmente "esforzado" ni mucho menos "trepa". Es más bien "enchufado" y "pasivo/sumiso". Su truco para sobrevivir es dar valor a su trabajo, realizar presentaciones powerpoint atractivas(5) y mantenerse lo más alejado posible de la vida real. Es de trato agradable ya que su actitud ante el trabajo se encuadra en el orden y en el buen rollito: o sea, una nulidad para realizar trabajo de verdad en los tiempos que corren.

Como jefe, congenia bien con sus colaterales hembras y con sus colaboradoras(6). A ellas les encanta su aspecto físico y el rastro perfumado que va dejando su loción, su gusto por el orden, su educación, sus modales, sus atenciones y ese trato tan suave. Nadie como ellas saben apreciar la estética de sus pepetes(7). Cuando su inmediato superior es mujer, se llevará bien, aunque a las "esforzadas" y las "trepadoras" les sabe a muy poco como jefe y se les queda en un diente, con lo cual huyen de él para caer en las garras del "testosterónico", que es el que lleva el trabajo de verdad, ya que ambas saben que el impulso hacia arriba sale de remover los barriles de mierda que se manejan en la primera línea de fuego y no de ponerse la túnica de los procesos.

Al igual que las hembras, no simpatiza con el "testosterónico" pero por diferente motivo. Aunque como hombre tiene separada la función de racionalidad de la de obediencia y está capacitado para no contrariar al "testosterónico", se resiste a adaptarse a la extensa jornada laboral impuesta por el tiranuelo, que le impide asistir diariamente a un gimnasio y la explicación de que "porque me sale a mí de los cojones" le resulta excesivamente grosera y zafia, se puede ser jefe, pero no grosero(8). Por otro lado, hay que destacar el profundo desprecio que sienten por el metrosexual los "machos grises" que lo consideran un mariconcete al que encima le gustan las mujeres y les hará la competencia con esas asquerosas lociones after-shave con textura de crema Nivea que tan bien les parece a ellas(9).

Con esta descripción del mando intermedio metrosexual, hecha al alimón(10) entre "El profe" y "Lula" en un alarde de trabajo colaborativo bipartito entre Madrid-Barcelona, cerramos la taxonomía de los mandos intermedios vistos desde el lado femenino, masculino y neutro, o el "ni carne ni pescado", que denomina el profe.


(1) Incluso bajan la tapa del WC cuando terminan de hacer pis.
(2) Los testosterónicos y sus grises suelen interpretar la gestión del conocimiento como el directorio compartido donde se meten todos los documentos y archivos, desde el código ejecutable hasta las fotos del partidillo de futbito donde se le partió la tibia al defensa del proyecto enemigo.
(3) BPR: Business Process Reengineering, técnicas para justificar la reducción de personal y justificar el ERE.
(4) Estos últimos llevan coleta, son delgaditos y visten con ropa ancha moderna.
(5) Los casos patológicos utilizan “freehand” en su flamante Mac incompatible con los PCs Windows, Linux o el servidor Unix de que se sirven el testosterónico y sus huestes.
(6) Término que significa subordinada, con cierto matiz de personal ajeno.
(7) Presentaciones Powerpoint, originario del sonido de la extensión de estas presenciones: ppt.
(8) Por el contrario, para el macho gris, es la explicación más clara y diáfana del motivo para hacer las cosas.
(9) Ya desde pequeñitos, tanto el testosterónico como los grises, sienten aversión a las cremas de textura lechosa o aceitosa. El lector puede ejercitarse en la playa reconociendo testosterónicos y grises por su rojo gamba o los jirones de piel dejados en la indefectible muda. No siempre será correcta la apreciación, porque parte de ellos se quedan en el bar a la sombra mientras mujeres y niños se bañan y untan.
(10) AL ALIMÓN (modo adverbial). Manera de torear en cierta suerte en que manejan el capote entre dos toreros. Se emplea en lenguaje corriente informal con el significado de «conjuntamente» o «en colaboración» (Fuente Maria Moliner)