Elegía a un mocito viejo


“¡Estás más volá que una candela de papeles!”, me decías.
“¿Tú eres tonta o has comido bolitas?” Me decías.
“Esa jibia de choco ¿la has hincado en el arriate para ver si te crecen choquitos?” me decías.
Y aunque no me lo decías te gustaba verme reír.
Sí me dijiste muchas veces que no te gustaba verme llorar.
Yo te decía que me gustaba oírte cantar. Algo que sólo hacías en medio del monte y cuando sabías que solo yo podía oírte.
Yo te gustaba y tú me gustabas.
Fue como encontrarnos en un recodo de la vida y reconocernos como iguales. Sentirnos hermanos, primos, amantes, cómplices al fin. Siempre con la duda-fantasía de qué habría pasado de conocernos antes de tener la vida hecha.
Ahora, que ya no estás, tu ausencia me invade, me cubre y me puede.
Ojalá y que puedas descansar en paz, Indio.

Nota: Mocito viejo es una expresión usada en la zona del estrecho para denominar a los solteros maduros e irónicamente a los casados que se comportan como solteros

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