Periodo de prueba

Siempre que nos enfrentamos a un nuevo trabajo nos embarga la duda de si seremos capaces de realizarlo, pero cuando es el primero más que incertidumbre nos produce pánico no dar la talla. Esos primeros días nunca se olvidan y muchas veces condicionan para bien o para mal la vida laboral.

Mis primeros días fueron muy decepcionantes después de la ilusión inicial de haber encontrado un trabajo tan interesante. Recuerdo mi mesa llena de aburridos manuales que producían una somnolencia insoportable y me hacía la jornada laboral interminable. A mis compañeros parecía que la lectura de la documentación no les producía los mismos efectos somníferos que a mi. Rrio, como era de hardware, leía cosas raras, raras, raras pero ponía cara de enterarse. PacoM y Gasset, que estaban en el lado software, leían los mismos tochos que yo pero con más aplicación.

Al ver que de la lectura no sacaba nada de provecho y que ese camino no iba a ningún lado me dispuse pasar a la acción. Había un pequeño laboratorio con un par de equipos de desarrollo (MDS) que estaban desocupados porque la mayoría del equipo trabajaba en una maqueta situada en otro edificio. Me puse a practicar programando un  algoritmo y a partir de ese momento los espesos manuales empezaron a ser útiles para despejarme las dudas[1]. Empecé a comprender cómo se hacían las cosas en ese entorno y a ser consciente de lo mucho que me quedaba por aprender. Ahí empezó mi duda de si sería capaz de hacerlo.

PacoM y Gasset siguieron mis pasos y empezaron a enredar en los MDS también. Pronto nos encontramos con problemas que no los solucionaba la lectura de los manuales y empezamos a comentar entre nosotros las dudas. Esta colaboración mejoró mucho nuestra relación hasta el punto que PacoM bajó de su torre de marfil y compartió conmigo sus temores de no ser capaz de estar a la altura. Le agradecí mucho esta confesión que me hizo sentir que no estaba sola y a la vez ver su lado humano. Empecé a mirarlo con otros ojos porque hasta la fecha tanta formalidad y protocolo me abrumaba.

Cuando llegó un punto en el que ni los manuales ni la ayuda de PacoM y Gasset resolvían mis dudas recurrí a un compañero de más experiencia, que no solo no me ayudó sino que me espetó:

Cuando termines el periodo de formación te van a encargar un trabajo que tienes que hacer en dos meses y si no eres capaz de hacerlo lo haré yo en tres días.

A pesar de mis temores pasé el periodo de prueba, no exento de estrés, teniendo siempre presente esta frase como una espada de Damocles sobre mi cabeza.

Esta joya de compañero, apodado el tigre, nunca se pudo ganar la vida como coaching (evidentemente) y por desgracia tampoco como ingeniero (inexplicablemente), pero para saber la historia de el tigre tendréis que esperar a la próxima entrega.


[1] En aquellos años no había Internet y los manuales eran todo menos didácticos

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4 Respuestas

  1. Tus temores durante el período de prueba–conociendo tus conocimientos profesionales– semejan, de alguna forma, el llamado «Síndrome del que naufraga ante el éxito». Lo envío a la Sección en forma de post.

  2. lula dice:

    Muy buen ojo clínico. padezco el «Síndrome del que naufraga ante el éxito» y se me manifiesta en el trabajo y jugando al golf

    ¿Tiene eso cura?

  3. rrio dice:

    Curiosidades de la vida, unos años después empecé a desarrollar un emulador del ISIS, ese sistema operativo con nombre egipcio, sobre CP/M, ese otro sistema operativo «libre» que hacía la competencia al MSDOS de Microsoft.

    Todo por usar el complilador de PL/M, que era lo mejor de lo mejor que había entonces para cacharrear con micros.

    Estuve a puntito de hacerlo funcionar.

    Por cierto del Tigre no tengo recuerdo alguno, pero siempre he tenido mala memoria para las cosas desagradables.

  4. lula dice:

    Rio: Cómo reblandecen los años!!! mira que un hardwarero como tu haciendo SW 🙂

    La verdad es que para la época programar en PL/M era un lujo. Una pena que no llegara a funcionar el inventillo.

    No te perdiste nada por no tener trato con el tigre, te ahorraste los zarpazos. A mi me dio uno de mucho cuidado pero no le guardo rencor que es malo para el cutis.
    ¿Qué te parecen los avatares?
    Te he puesto con perilla pero creo que no la llevabas entonces. No he encontrado tu peinado que era mucho más asentado que el de tu avatar.

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