(Episodios anteriores en el wiki)

Le llamábamos Micky como diminutivo de su nombre pero tenía cierta similitud con el simpático ratón, tanto en el físico como en el carácter. Hace tiempo que le he perdido la pista pero espero conseguir que le llegue este capítulo de las memorias.

Tenía unos ojos grandes, un poco saltones, con una expresión muy viva y una sonrisa perpetua. Al hablar pronunciaba ligeramente las erres como los franceses a la vez que sus manos, muy expresivas, formaban parte también de la conversación. Vestía siempre una bata blanca con los bolígrafos asomándole del bolsillo superior. Era un auténtico “ratón” de maqueta.

Micky era pura energía controlada con una brillante inteligencia que a veces entraba en bucle por su contumaz cabezonería. Cuando le salía la vena calagurritana, había que intentar que volviera a su ser. Tenía muy buenas cualidades entre ellas la paciencia, la generosidad y el entusiasmo. Todos le apreciábamos (incluso el tigre) pero eso no era óbice para que fuera el blanco de todas las bromas ya que todos queríamos saber hasta donde llegaba su paciencia.

Siempre que se le pedía ayuda se establecía el mismo protocolo:

- Oye Micky cómo se puede hacer que…

- ¿Para qué lo quieres? Respondía Mickey

-  No, importa. Solo quería saber si se puede hacer… contestaba el preguntador

-   A ver, dime, ¿Qué es lo que quieres hacer? Respondía Micky que no podía permitir no enterarse de algo una vez que se lo proponía.

Al final el preguntador cantaba, Micky se enteraba del problema que tenía, dejaba lo que estuviera haciendo y le ayudaba a arreglarlo. Por este método samaritano tenía una visión del proyecto mejor que los jefes y siempre se recurría a su auxilio, aunque hubiera que confesar primero.

Pagábamos su ayuda con bromas pesadas. Le sometíamos a pruebas tan duras como provocarle disturbios domésticos, sembrar la duda sobre su coche o atentar contra su integridad física.

Un día que se fue a casa a comer le encargaron que hiciera algún recado por el camino. Como tardaba llamó su mujer y el que descolgó el teléfono sabiendo que era ella, le dijo: “No, Micky no está aquí, ha venido su mujer a buscarle y se ha ido a comer con ella.” Cuando llegó su casa ella le recibió de morros, diciéndole: “Ahí está la nevera” y el pobre nos sabía cuál era el motivo.

Otra vez le metimos tres pesetas dentro del tapacubos de las ruedas de su SEAT 124, justo un viernes que se iba para Calahorra. Casi se vuelve loco intentando averiguar cuál era la causa del ruido.

Solía venir a trabajar en vespino y un día que hubo una nevada nos miramos todos a los ojos y supimos lo que había que hacer. Cuando terminó la jornada laboral dejamos que bajara a la calle el primero y cuando llegó a la moto una avalancha de bolas de nieve casi le sepulta.

Pero su máxima reacción era decirnos “Como sois” mientras sonreía y movía la cabeza de un lado a otro. Nos costó mucho encontrar su límite de paciencia pero un día los conseguimos, pero eso será otra historia…

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